
El cambio climático amenaza la capacidad hidroeléctrica de Georgia a través de la reducción de precipitaciones y la pérdida de glaciares, mientras aumenta la demanda de enfriamiento que sobrecarga la infraestructura energética de la nación durante los meses pico del verano.
Georgia depende en gran medida de la generación hidroeléctrica, que depende de flujos de agua consistentes de las regiones montañosas. El retroceso de glaciares alpinos, evidente en el Cáucaso similar a la pérdida de hielo documentada de Suiza, reduce la disponibilidad de agua estacional. La nación enfrenta presión agravada mientras que las temperaturas crecientes cambian los patrones de precipitación, creando riesgos de sequía y vulnerabilidades de inundación que complican las operaciones de represas.
El aumento de temperaturas impulsa un mayor consumo de electricidad para refrigeración, particularmente en centros urbanos como Tiflis. Este aumento de la demanda ocurre simultáneamente con la reducción de la producción hidroeléctrica, obligando a Georgia a aumentar la generación de energía térmica y las importaciones. La volatilidad del mercado energético global, incluidas las reservas estratégicas como la liberación de 100 millones de barriles de diésel del G7, afecta los costos de combustible y la estabilidad de la red mientras Georgia equilibra la seguridad energética con inversiones en adaptación climática.